lunes, 9 de noviembre de 2015

Jack el destripador. DISECCIÓN Nº 6: “Cinco horas con Mary”




Estamos delante del pub The Ten Bells, epicentro de todos los asesinatos de Jack el destripador, que como sabéis sigue exactamente igual que en 1888. Aquí en este pub era habitual una guapa y joven prostituta llamada Mary Jane Kelly. Era muy conocida en el barrio. Pero antes de empezar a caminar hacia la ventana por la que veremos el último asesinato de Jack el destripador, nos preguntamos ¿Quién era realmente la guapa Mary Jane Kelly?

Ella fue la quinta y última víctima canónica de Jack el destripador. La llamaban Ginger o Black Mary, y tenía 25 años.

Nacida en Irlanda, a los 16 años se casó con el minero John Davies. Pero enviudó en el primer año. La compañía de seguros se demoró tanto en pagarle la indemnización que la pobre Mary Jane tuvo que adentrarse en el mundo de la prostitución. Al inicio ella ejercía como prostituta de lujo en el West End. Después estuvo un tiempo en Francia. Y regresó a Londres para llevar una vida de miseria donde sus servicios ya no era tan “lujosos”,  y se hizo alcohólica. Durante la época de los asesinatos en Whitechapel, Mary Jane vivía aterrada por lo que decidió dejar la prostitución por un tiempo.

Desde la noche del Doble Evento (30 de septiembre), en la que Jack el destripador había asesinado brutalmente a dos prostitutas,  había transcurrido más de un mes sin ningún asesinato, el barrio estaba tranquilo y Mary Jane necesitaba dinero para pagar el alquiler de su habitación, de modo que volvió a las calles ya algo menos atemorizada.

Irlandesa de grandes ojos azules, y cabellos pelirrojos. El día 9 de noviembre estuvo faenando y trajinando todo el día con muchos clientes que entraban y salían de su habitación en la calle Dorset. Era un día festivo en Londres.

Foto casebook.org (Mary Jane Kelly)


Ahora que ya sabemos quién era nuestra protagonista podemos cruzar la calle Comercial St. y tomar la que sale justo enfrente, vemos que la manzana está totalmente derribada y llena de andamios, desgraciadamente para nosotros, están construyendo el nuevo Londres. Hasta el año pasado hubiésemos podido ver la calle Dorset St, incluso hubiésemos podido entrar en el edificio Miller´s Court, donde Mary Jane Kelly moraba en una habitación alquilada. Pero nada de esto existe hoy, a cambio de un bonito edificio de superlujo en el “peor barrio de Europa”.

Detrás de los andamios estaba la calle Dorset y en ella el número 13, mal número quizá, allí rentaba su habitación nuestra meretriz irlandesa y pelirroja de grandes ojos azules.

Ahora vamos a cerrar los nuestros y a imaginar, y, aunque  esta historia está escrita en base a lo relatado por los testigos, los documentos, los datos históricos y los informes de las autopsias, va a contener una parte importante recreada e imaginada.

Si cerramos los ojos delante de Miller's Court podemos ver esto.....

Hace frío, estamos en el mes de noviembre, es 1888, en Whitechapel todo parece haberse calmado, el asesino lleva 40 días sin matar, y los nervios se han apaciguado.
Nuestro asesino en serie parece tener un grave problema, las calles de Whitechapel están completamente tomadas por Scotland Yard., y las patrullas vigilan cada una de las calles exactamente cada quince minutos, cada rincón del barrio es peinado cuatro veces por hora.

Quince minutos no es tiempo suficiente para matar cómo a él le gusta, ya fracasó la noche del Doble Evento con la primera víctima, y no está dispuesto a que esto se repita. No quiere matar teniendo que vigilar a sus espaldas, porque así no puede disfrutarlo, necesita calma, quiere tiempo para poder llevar a cabo todas las fantasías que su condición mental de enfermo le imponen en su distorsionado pensamiento de depredador y sádico. Necesita privacidad.

Había pasado unos días escuchando conversaciones en el pub, en el Ten Bells. Hacía unos días estaba tomando una pinta en la barra cuando escuchó a una prostituta hablando con un cliente... Decía que podían ir a su habitación. Vaya! ¿Habitación propia ? ¿Una prostituta? Eso sí que era algo extraordinario en el barrio... Poca gente podía permitírselo en esa época y menos en ese barrio. Levantó la cabeza y la vio, era pelirroja y de ojos grandes, parecía muy joven pero que más daba si tenía una habitación propia !

Ya la tiene, es ella, la necesita, quiere pasar 5 horas a solas con ella y en su habitación. 

Así que comienza a acecharla y a seguirla durante varios días. Comprueba que vive sola en la calle Dorset. Es un sitio impecable para la ejecución de su plan.

Está realmente excitado. Si fue capaz de practicar aquella barbarie en tan sólo 25 minutos la “Noche del Doble evento”, qué no será capaz de hacer nuestro asesino en 5 horas ¿?

¿Os lo podéis siquiera imaginar? No creo que podáis.

Mary Jane se pasaba el día entrando y saliendo de su habitación en la calle Dorset. Una calle que junto con Flower and Dean St. estaba considerada la calle más peligrosa de toda Europa. Ambas calles   se encontraban repletas de pensiones y posadas comunitarias,  y todas las víctimas del destripador moraban por ellas. Allí, en Dorset St., tampoco entraba nunca la policía si podía evitarlo.

De la calle Dorset salían callejones a ambos lados, callejones muy estrechos , a los que se accedía a través de un arco. En uno de estos callejones se encontraba el edificio Miller´s Court. Y en el número 13 vivía Mary Jane.

Entrada al edificio Miller´s Court número 13.


Habitación de Mary Jane Kelly 


Dorset St, (actual) aquí mismo estaba la habitación de Mary Jane.


El asesino se había fijado en ella a pesar de que no era su tipo, ella no era como las anteriores víctimas, ella era elegante, joven, con más clase y más nivel, por eso tenía mejores clientes y por lo tanto mejor posición y más dinero. 

Sin embargo Jack no la escogió por su físico, ni por sus bonitos ojos azules, ni por sus cabellos rojos. Él 
era un profundo misógino, que odiaba a las mujeres con toda su alma. No le importaba lo guapas o feas que pudieran ser, no le gustaban guapas, le gustaban muertas. A Mary Jane la escogió por su habitación .  

Pero, a pesar de tener habitación propia y mejores clientes, Mary Jane bebía mucho y no le sobraba nunca el dinero, de modo que su casero, John McCarthy, se pasaba la vida persiguiéndola y enviándole cobradores a la puerta. Y ella se pasaba la vida escondiéndose de ellos detrás de las cortinas o debajo de la cama.

La mañana del sábado 8 de noviembre cayó en la cuenta de que adeudaba a su casero una libra y nueve chelines. Se puso algo nerviosa, además llevaba días sin trabajar porque tenía miedo, así que se puso manos a la obra y pasó toda la jornada buscando clientes.
Por la mañana tuvo varios. Durante el día nunca sentía miedo, con luz nada parecía demasiado peligroso. Y así transcurrió el sábado, aumentando su confianza con cada cliente. Después de todo hacía tiempo que no había asesinatos en el barrio y además, con todas las prostitutas que había por allí, ¿por qué le iba a tocar a ella??? Era un pensamiento absurdo. Así pues siguió trabajando toda la tarde. Llegó la noche y Mary Jane empezó a beber, el alcohol terminó de aplacar todos sus temores. Ya de madrugada, estaba tan borracha y tan contenta que ni se acordaba de aquellos miedos e inseguridades. Además había conseguido un montón de dinero. 
Eran las tres de la mañana y pensó que podría tomarse la última en el Ten Bells.
Allí se plantó siendo ya domingo 9 de noviembre. Pidió una pinta de ginebra y se apoyó en la barra.
Un hombre se le acercó ... quería sexo con ella, y le pagó por adelantado. Ella estaba cansada pero no se pudo resistir. Sólo un cliente más, y además sería el último, no había sucedido  nada malo en todo el día, por qué habría de pasar algo a estas alturas de la noche ?? Uno más y me quedo en la cama durmiendo.... Pensó. Y de esta manera se marchó con el que sería el último cliente de la noche y el último cliente de su vida. Ella misma se llevó  a su asesino a su habitación cavando su propia tumba. 

Había sido una frenética noche de sábado, el mejor día de la semana para una prostituta. Salieron juntos del Ten Bells, siendo las tres y media de la madrugada.

Caminaron hasta la calle Dorset, a tan sólo cinco minutos de allí, y entraron en el Edificio Miller´s Court, concretamente en el número trece. Ya en la pequeña habitación, Mary Jane se quitó la ropa y se puso un ligero camisón blanco. Él se quitó el sombrero. Ella se tumbó sobre la cama, estaba tranquila y muy aturdida por el alcohol, había olvidado los terribles crímenes acaecidos en el barrio de Whitechapel. Jamás hubiese imaginado a quién tenía delante....

Él estaba ansioso por llevar a cabo todas las fantasías que había planeado desde hacía tanto tiempo en su enfermo cerebro de sádico.  Ella le sonrió desde la cama. El pensó de pronto en estrangularla, pero no, había planeado demasiado concienzudamente este crimen como para no disfrutarlo un poco más, no la podía matar tan rápido, tenía privacidad y tiempo, así que se acercó a ella y la sujetó por el cuello, fue  fácil pues estaba demasiado aturdida para defenderse. Sacó un cuchillo del maletín, con una hoja de 22 cm,  ella le miró y de pronto lo comprendió todo, era el asesino, no se lo podía creer, el asesino de Whitechapel en su habitación, pudo oler la muerte a distancia,  y verla en aquellos ojos de depravado, estaba absolutamente  aterrorizada. Empezó a gritar, él la golpeó y le cortó los pechos mientras ella gritaba como un animal. Tan sólo cubierta por el camisón blanco, y con los pechos arrancados, todo se llenó de sangre, ya casi había perdido la conciencia, pero aún podía ver a su asesino con ese gran cuchillo en la mano, él se  mostraba completamente excitado y sonriente. Le dijo que ella era especial, que la iba a hacer famosa, ella gritaba y gritaba cada vez más. El asesino empezó a  sentirse muy nervioso, si no dejaba de chillar así no podría terminar su obra. De manera que le cortó el cuello. 

Mary Jane ya estaba muerta, pero él continuó cortando hasta que llegó al hueso, la cabeza quedó totalmente desprendida del cuerpo, y yacía sobre la cama, demasiado girada para pertenecer a aquel torso. Quedó apoyada sobre uno de los pechos mutilados.


El asesino decidió empezar por la cara, así iba cortando y sacando trocitos de piel, y de carne, y los iba depositando sobre la mesita de noche, era tan excitante... De cuando en cuando hacía una parada y se sentaba en una butaca frente a Mary Jane, "qué bonita estaba", pensaba.. Sacó una botella de ginebra y bebió a sorbitos pequeños mientras se excitaba por completo viendo aquellos pedazos de carne en sus manos. 

Entonces le sacó sus enormes ojos azules y los  depositó uno tras otro sobre la mesita de noche. 

Tenía por delante cinco horas de placer intenso sin ninguna interrupción. Hasta ahora siempre había trabajado con demasiada prisa y mucha tensión, no se podía creer lo que estaba ocurriendo allí. Todo estaba calculado y planificado con detalle.

Tras otro pequeño descanso, abrió y diseccionó las cavidades torácica y abdominal, empezando por la piel, continuando por la musculatura y llegando hasta las vísceras, las cuales extrajo una a una y fue depositando a su antojo  por la habitación. Una aquí otra allá....

Seccionó y extrajo la cuarta, quinta y sexta costillas. Colocó los órganos sexuales debajo de la cama. El hígado fue a parar entre los dos pies. A los riñones les tocó sitio debajo de la cabeza, junto con uno de los pechos. El otro pecho fue colocado bajo el pie derecho. El intestino delgado fue extendido sobre la cama, entre el cuerpo de Mary Jane  y la pared. Extrajo el estómago y lo rajó para vaciar el contenido sobre el suelo. El informe de autopsia reveló la última comida de la víctima, que, como no podía ser de otra manera, fue un plato de fish and chips.

Tan sólo dejó un órgano en su lugar original, el pulmón izquierdo, no se conoce el motivo, quizá fuera un mero descuido.

Para finalizar, y siguiendo el plan original, remató aquella carnicería con múltiples cortes en ambas piernas y en ambos brazos, y pasó varias horas trabajando en los muslos, los hizo simétricos, primero uno y luego el otro, peló ambos muslos a conciencia, diseccionó toda la musculatura hasta que llegó a la visión directa de los fémures, dejando el hueso expuesto, ambos fémures totalmente limpios de tejido blando, tuvo que sentarse de nuevo a contemplar aquella obra maestra. 


Le gustaba detenerse  a oler las vísceras y se frotaba con ellas, algunas las cambiaba de sitio. Llegaba a acariciar los propios fémures expuestos, los tocaba, los lamía, se desnudó para sentir la sangre, y nada le ponía más fuera de sí que aquel olor y el  tacto resbaladizo de los órganos. Se enfurecía, cada vez su ímpetu era mayor, su agresividad, sus pulsaciones y su respiración, creyó morir de placer aquella noche de noviembre. Llevaba demasiado tiempo esperando aquel momento.

Pasado un límite ya no podía parar, había llegado al hueso pero quería más, necesitaba más,
por eso sacó de su maletín un martillo y golpeó la cabeza y el cuerpo de Mary Jane con toda la violencia imaginable, quería desintegrarla, llegar a la destrucción completa de la materia de aquella puta pelirroja.


Toda una carnicería llevada a su máxima expresión, y esta vez sí tenemos una foto para comprobarlo, es la única foto tomada de la escena de un crimen en Whitechapel, la escena era tan dantesca que a algún policía se le ocurrió tomar una fotografía. La criminología estaba aún en pañales y casi no había cámaras fotográficas en la época, nada se sabía de cómo actuar ante aquello, y fue a partir de este brutal asesinato que empezarían a fotografiar todos los crímenes y los levantamientos de cadáveres como norma general.

Este crimen se encuentra entre los más depravados y brutales que consignan los anales de la Criminología.


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Fotos de la escena del crimen. Mary Jane Kelly

(mesita de noche con piel apilada en ella, fémures expuestos, huesos faciales expuestos)



Habían dado las nueve de la mañana, se oían las campanas de Christ Church y el destripador se encontraba completamente exhausto. Había podido sentir el clímax máximo y absoluto. Pensaba que jamás podría volver a sentir nada similar en toda su vida. Contempló su obra maestra por última vez. Y salió de aquel lugar, a plena luz del día y cubierto de sangre. Pero a nuestro asesino fantasma nadie le vio salir.
Y así fue como desapareció para siempre. Salió de allí con un trofeo en las manos, el más valioso y el último de los trofeos que el destripador se llevaría de una víctima,  el único órgano de Mary Jane que nunca apareció..... su corazón.

De vuelta a la realidad y cegado por la locura y el éxtasis, tras aquella experiencia  tan extrema, debió caer en una profunda depresión. Y sumido en la más profunda  tristeza, al advertir que nunca podría igualar aquella obra de arte, cogería su cuchillo y se cortaría el cuello.

Pero ¿qué hizo con el corazón de Mary Jane?  ¿Se lo llevó a la tumba con él?
Probablemente se lo comió.

Allí se quedó Mary Jane, sola, en su habitación, tumbada sobre su cama, con su camisón blanco cubierto de un rojo apagado. Sus ojos azules la miraban desde su propia mesita de noche, y sus órganos aún latían esparcidos a su alrededor, excepto su corazón. Estaban por todos lados, sobre ella, por debajo, a la derecha, a la izquierda, debajo de la cama, todo el espectáculo estaba regado por un inmenso charco de sangre. 

Era domingo, sonaban las campanas de la iglesia y lucía el sol en una fría mañana londinense. Sobre las 10.45 de la mañana, el casero de Mary Jane,  John McCarthy, aburrido y harto de los impagos de Mary Jane, decidió que tenía que cobrarle de una vez o echarla a la calle, de modo que envió a uno de sus secuaces a intentar cobrarle el alquiler. Se trataba de un chaval de 13 años, cuando llegó a la puerta en el número trece de Miller´s Court, llamó varias veces sin éxito. Insistió a petición del casero, advertido ya de los escaqueos de Mary Jane, además le habían prometido una generosa propina si conseguía el dinero. El chaval se quedó allí mucho tiempo esperando por ver si ella salía de su escondite. De pronto se percató del agujero en la ventana, tapado con un paño para evitar la entrada del viento y el frío en la habitación. Introdujo su mano por aquel agujero en el cristal y retiró cuidadosamente el paño, apartó la cortina, y la vio, allí estaba: era Mery Jane Kelly. Que nunca más pagaría el alquiler.

Lo que el chaval vio fue tan aterrador que sacó violentamente su mano de aquel roto en el cristal cortándose el dorso, y sangrando a chorros salió corriendo en busca de ayuda.

Al lugar acudió toda la policía de Londres. Y todo el barrio se asomó para ver aquella escena, con la indignación a flor de piel. No dando crédito a lo que estaba ocurriendo.

La policía tardó nada menos que dos horas en entrar en la habitación de Mary Jane, y según dictan los informes originales, nada más entrar allí salieron todos directos a vomitar.

El espectáculo era dantesco a rabiar, Mery Jane Kelly yacía sobre la cama, en decúbito supino, con las piernas abiertas y dobladas, no tenía cara, y sobre la mesilla de noche se apilaban múltiples porciones de tejido blando. El resto de la habitación estaba completamente cubierta de sangre.

Los informes de la autopsia fueron emitidos por los médicos forenses Thomas Bond y George Bagster Phillips, y confirmaban que el asesino le había cortado los pechos estando viva, de ahí los estrepitosos gritos, a las cuatro de la madrugada, que los vecinos declararon haber escuchado ante el Juez de guardia . Los informes dictaban que el resto de lesiones fueron infligidas postmortem.  El Juez de guardia amonestó al vecindario por no haber acudido en su auxilio, pero todos alegaron que aquello era la tónica habitual de Whitechapel, y que no podían acudir a los gritos de todos los asesinatos y palizas que escuchaban de madrugada .... Así pues nadie hizo nada por Mary Jane.

Tanta violencia es lo que ha dado a los psicólogos la teoría de que el asesino padecía una enfermedad mental grave y de que además presentaba un grado muy elevado de misoginia, probablemente sobrevenido a causa de una madre prostituta a la que odiaba. O a la que odiaba y amaba a la vez. Pero esto son teorías, y además hay muchas.


 



Certificado de defunción original Mary Jane Kelly



Después de este asesinato ya no hay nada. La policía continuó investigando cuatro asesinatos más en relación con the Ripper, pero se acabaron descartando todos ellos como autorías de Jack el destripador, porque fueron mucho después y de forma muy distinta.

¿Podemos entonces deducir que aquí termina su obra?

No lo podemos saber, lo que sí sabemos ahora es que los asesinos en serie nunca dejan de matar, por lo que parece que, o le cogieron por otro delito , o falleció, o se suicidó, o lo internaron en un psiquiátrico.
En cualquier caso, al final,  sólo algo certero pudo impedir que siguiera matando: su propia muerte.

Probablemente este caso misterioso jamás será resuelto. Y cada vez que un ripperólogo saca a la luz una nueva teoría, alguien escribe rápidamente un ensayo descartándola por falta de evidencia científica.

La teoría más popular durante algún tiempo fue que el asesino era, nada menos, que el médico personal de la reina Victoria, que habría ido a Whitechapel en persona para matar a aquellas prostitutas. ¿El motivo? Que el nieto de la Reina Victoria se había casado a escondidas con una prostituta. Una prostituta católica para colmo. Que fuera prostituta era algo feo, pero que fuera católica era absolutamente intolerable!

El escándalo podría haber sido de tal envergadura que la Reina Victoria al enterarse pediría ayuda a su Primer Ministro. Éste tomaría cartas en el asunto antes de que la prensa se hiciese eco de ello y acabase con la Familia Real.

Esta teoría de la conspiración dictamina que el Médico de la Reina, apoyado por el Primer Ministro secuestró al Príncipe , a la prostituta y al bebé que de ellos había nacido.

A la niña la entregarían en un orfanato irlandés, donde crecería sin saber nunca quiénes habían sido sus padres. El Príncipe fallecería dos semanas más tarde en extrañas circunstancias. Y respecto de la prostituta casada con el Príncipe, sería internada en un hospital mental cercano al lugar de los asesinatos, donde se le habría realizado una lobotomía que la habría dejado absolutamente incapacitada.

Siguiendo esta teoría, las amigas más cercanas de la mujer casada a escondidas con el Príncipe, cinco prostitutas de Whitechapel, al no encontrarla por ninguna parte, investigarían, la buscarían y la encontrarían en el hospital psiquiátrico. Al percatarse de lo sucedido decidirían enviar una carta a la Reina Victoria sobornándola y pidiéndole salir de las calles, casa y dinero, a cambio de su silencio. Pero lejos de ceder a chantajes la Reina, para tapar un escándalo, habría generado otro mayor. Así las cosas, pensaron en deshacerse también de las cinco amigas.

Esta es la teoría de la conspiración representada en la película protagonizada por Johny Deep, “Desde el Infierno”.

Pero no tiene mucho fundamento si pensamos que a esas cinco mujeres se las podría haber hecho desaparecer sigilosamente y sin llamar la atención… pero descuartizarlas por todo Whitechapel, ¿tiene algún sentido? No.

Por lo tanto no tiene peso ni validez, sin embargo es la teoría que más gusta al público, al estar involucrada la Familia Real, dando mucho juego a películas, historias, y misterios ocultos. Además hace pensar en la muerte en extrañas circunstancias de Lady Di..... siempre la Familia Real envuelta en escándalos...

Menos emocionante es la teoría que hoy día se considera como la más válida, la de más peso, y en cualquier caso la única que nadie hasta el momento ha podido rebatir. No se ha podido confirmar pero tampoco descartar, y esto la deja en la posición número uno en el ranking de teorías acerca de la identidad de Jack el destripador.

Se publicó hace sólo unos años y sigue vigente, según versa, el asesino sería….. el asistente que trabajaba en la morgue ayudando en las autopsias.

Se llamaba Robert Man, parece ser que padecía algún tipo de enfermedad mental grave, y además el hecho de trabajar en la morgue le daba los conocimientos anatómicos y la destreza necesaria para llevar a cabo su modus operandi. Además tenía a su alcance los instrumentos adecuados. Y lo mejor, siempre sería el último sospechoso, puesto que podía salir a la calle empapado de sangre o con instrumentos quirúrgicos sin llamar la atención ya que todos sabían que venían de “trabajar”.
Todo esto estaría alentado por el placer que le ocasionaría, dentro de su propia locura, el hecho de poder tener a las víctimas otra vez con él, en la morgue, esta vez para coserlas, y admirarse de su propia obra una vez más.

Robert Man falleció de causas naturales a los dos meses del último asesinato, lo que nos deja la teoría perfectamente encajada . Fue publicada por el historiador británico Mei Trow, y apoyada y suscrita por el psicólogo forense Laurence Alison de la Universidad de Liverpool.

Según el perfil dado por el FBI acerca del asesino , Robert Man encajaba a la perfección, era “un tipo gris, de bajo nivel socio cultural, o analfabeto, y procedente de un hogar roto. Socialmente inepto, y ayudante en una carnicería o en una morgue”.

Este hombre trabajaba a cambio de techo y comida, y su única función era atender las necesidades de los médicos forenses, y acondicionar los cadáveres para su examen. Normalmente, en el East End londinense, practicaba las necropsias el médico forense de la Policía Metropolitana, el Dr.George Bagster Phillips.

Un incidente con una de las víctimas da más valor a esta teoría. Ocurrió con la primera víctima canónica, Mary Ann Nichols, que fue trasladada a la morgue, y sin que nadie lo hubiese autorizado, Robert Man procedió a lavarla y a desvestirla,  provocando con ello la furia del forense.

Robert Mann declaró ante el Juez de guardia Wynee Baxter que había sido una equivocación, pero lo hizo tartamudeando y se desmayó al hacerlo.

Robert Man 1888




Y así termina nuestra autopsia particular por las calles de Whitechapel, donde el asesino en serie más brutal, fascinante y misterioso de la historia de la Criminología nos dejó un mapa repleto de sangre y piezas humanas.

Jack el destripador murió hace más de cien años… o quizá no...



-FIN-








1 comentario:

  1. El chaval de 13 anos que mandó Mr. MaCarthy no era un chaval ni tenía 13 anos. Harry tenía no menos de 54 y murió poco después pues no superó esa impresión. No ha nombrado a Barnett, novio de la Kelly ni que la puerta estaba cerrada con llave y tuvo que ser derribada. Y si le faltaba el corazón tuvo que ser alguien muy cercano.

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